Las playas del municipio se someten a controles sanitarios periódicos para comprobar que el agua reúne las condiciones adecuadas para el baño. El dispositivo incluye toma de muestras, análisis microbiológicos e inspecciones visuales en uno de los municipios costeros con mayor presión turística durante los meses estivales.
Mazarrón multiplica su población durante el verano. Miles de residentes y visitantes llenan durante julio y agosto playas como Bolnuevo, Rihuete, Bahía o distintos puntos del Puerto, convirtiendo la calidad del agua en una cuestión que va mucho más allá de la imagen turística del municipio.
Durante toda la temporada estival, las autoridades sanitarias mantienen controles periódicos sobre las 18 zonas de baño censadas en Mazarrón para comprobar que el agua cumple los requisitos establecidos y detectar posibles problemas antes de que puedan representar un riesgo para los bañistas.
Mucho más que mirar si el agua está limpia
Una playa puede ofrecer aparentemente un buen aspecto y, sin embargo, presentar alteraciones que no son visibles a simple vista. Por eso los controles incluyen la recogida de muestras que posteriormente se someten a análisis.
Uno de los aspectos fundamentales es la vigilancia microbiológica. Los técnicos buscan determinados microorganismos cuya presencia puede revelar contaminación y hacer necesario adoptar medidas preventivas.
A esos análisis se añaden inspecciones visuales de las playas y del agua, que permiten comprobar si existen residuos, manchas, vertidos u otras circunstancias anómalas.
El seguimiento se mantiene durante el verano, cuando la elevada ocupación de las playas coincide además con temperaturas altas y una utilización mucho más intensa de las instalaciones y servicios costeros.
Dieciocho zonas de baño bajo vigilancia
Mazarrón dispone de un litoral extenso y muy diferente según el punto en el que nos encontremos. Hay grandes playas urbanas, pequeñas calas y espacios naturales que reciben cada verano a miles de personas.
En total, el municipio cuenta con 18 zonas de baño incluidas en el censo sanitario y sometidas a controles periódicos de calidad del agua.
La vigilancia permite conocer la evolución de cada zona y, sobre todo, reaccionar si aparece algún resultado que aconseje limitar temporalmente el baño.
En estos casos, la prioridad debe ser informar con rapidez. La transparencia de los resultados resulta especialmente importante porque cualquier incidencia afecta directamente a la salud pública, pero también a la confianza de vecinos y turistas.
Proteger la costa también significa prevenir
El control sanitario es únicamente una parte de la protección del litoral.
La calidad de las aguas depende igualmente del correcto funcionamiento del saneamiento, del tratamiento de las aguas residuales, de la ausencia de vertidos y del estado ambiental de ramblas y cauces que desembocan en el Mediterráneo.
Precisamente este lunes se produjo un conato de incendio forestal en la desembocadura de una rambla junto a la playa de Las Cobaticas, en Cañada Gallego. El aviso llegó al 112 a las 12.38 horas y movilizó un operativo del Plan Infomur antes de que los bomberos del CEIS confirmaran que el fuego había quedado reducido a un conato.
El episodio sirve para recordar la fragilidad de algunos puntos del litoral mazarronero y la necesidad de mantener una vigilancia que no se limite exclusivamente al agua.
Un patrimonio ambiental que también sostiene el turismo
La costa constituye uno de los principales motores económicos de Mazarrón. Buena parte de la actividad de hoteles, apartamentos, restaurantes, comercios y establecimientos de ocio durante el verano depende directamente de la llegada de visitantes atraídos por sus playas.
Mantenerlas en buenas condiciones es, por tanto, una cuestión sanitaria, ambiental y económica.
Pero esa dependencia del turismo obliga también a extremar el cuidado de un litoral sometido durante unas pocas semanas a una presión muy superior a la del resto del año.
Los controles de las 18 zonas de baño permiten comprobar periódicamente el estado del agua. El desafío es que esa vigilancia forme parte de una política ambiental más amplia que proteja la costa durante todo el año y no únicamente cuando llegan los turistas.
Porque conservar el litoral de Mazarrón significa garantizar playas seguras para quienes las disfrutan hoy, pero también preservar uno de los principales patrimonios naturales del municipio para quienes lo harán mañana.









