La Comunidad adjudica el mantenimiento de la red autonómica que atraviesa Bullas, Caravaca de la Cruz, Cehegín, Moratalla y Calasparra. El contrato incluye reparación de firmes, señalización, barreras de seguridad y atención permanente ante accidentes, temporales y otras incidencias.
Mantener una carretera en buenas condiciones no suele ocupar grandes titulares hasta que aparecen los baches, se deteriora el firme o un temporal provoca problemas. En una comarca como el Noroeste, donde el vehículo privado continúa siendo imprescindible para muchos desplazamientos cotidianos, conservar esa red adquiere además una importancia especial.
La Comunidad Autónoma ha adjudicado por más de 10 millones de euros el nuevo contrato para conservar durante los próximos cuatro años las carreteras autonómicas del Noroeste de la Región de Murcia.
En total, las actuaciones alcanzarán 31 carreteras distribuidas por Bullas, Caravaca de la Cruz, Cehegín, Moratalla y Calasparra.
Cuatro años de mantenimiento
El contrato no responde a una obra concreta, sino a un programa continuado de conservación que permitirá intervenir en las vías conforme vayan apareciendo necesidades.
Entre los trabajos previstos se encuentra la reparación del firme, pero también el mantenimiento de la señalización horizontal y vertical, las barreras de seguridad y los elementos de balizamiento.
A estas tareas se sumará la limpieza tanto de la plataforma de las carreteras como de sus márgenes, una labor especialmente importante para mantener la visibilidad y evitar problemas de seguridad.
El contrato contempla asimismo la atención permanente de incidencias, de manera que los equipos puedan intervenir cuando se produzcan accidentes, desprendimientos, daños provocados por temporales u otras situaciones que afecten a la circulación.
Cinco municipios que dependen de sus carreteras
La inversión adquiere una dimensión diferente cuando se observa el territorio sobre el que se va a actuar.
Bullas, Caravaca, Cehegín, Moratalla y Calasparra forman una comarca extensa, con numerosos núcleos de población y distancias que obligan a utilizar habitualmente la carretera para acceder al trabajo, los centros educativos, los servicios sanitarios o realizar cualquier gestión.
El transporte público no ofrece en las zonas rurales las mismas posibilidades que en las grandes ciudades. Para muchos vecinos, por tanto, disponer de carreteras seguras no es una comodidad, sino una necesidad cotidiana.
La conservación de la red también tiene una incidencia directa sobre sectores económicos importantes para el Noroeste. Agricultura, ganadería, industria agroalimentaria, comercio y turismo necesitan buenas comunicaciones para desarrollar su actividad.
Conservar también es invertir
Durante años, buena parte del debate sobre las infraestructuras ha girado alrededor de la construcción de nuevas autovías y carreteras. Sin embargo, una red viaria necesita inversiones constantes una vez inaugurada.
El consejero de Infraestructuras y Desarrollo Territorial, Jorge García Montoro, ha defendido precisamente esa idea al presentar el nuevo contrato. La Comunidad considera que el mantenimiento continuado permite proteger una infraestructura estratégica y aprovechar mejor los recursos públicos, evitando que pequeños desperfectos terminen convirtiéndose en actuaciones más costosas.
La seguridad vial constituye otra de las razones fundamentales. Un firme deteriorado, unas marcas viales poco visibles o una barrera de protección dañada pueden incrementar el riesgo de accidente, especialmente en carreteras secundarias y durante episodios de lluvia o condiciones meteorológicas adversas.
La movilidad rural, una cuestión de igualdad
La inversión de más de diez millones llega además a una comarca donde la movilidad está estrechamente relacionada con otro de los grandes problemas del interior: la despoblación.
Mantener servicios públicos, crear oportunidades laborales y conseguir que los jóvenes puedan desarrollar su proyecto de vida en los municipios rurales requiere también unas comunicaciones adecuadas.
Una carretera no resuelve por sí sola la pérdida de población, pero el deterioro de las comunicaciones sí puede contribuir al aislamiento de los pequeños municipios.
Por eso, el resultado del contrato no debería medirse únicamente por los kilómetros atendidos o por el dinero invertido. Durante los próximos cuatro años será necesario comprobar si las actuaciones se ejecutan cuando realmente hacen falta y si consiguen mejorar la seguridad y el estado de unas vías utilizadas diariamente por miles de vecinos.
Los más de diez millones adjudicados permitirán mantener 31 carreteras hasta 2030. Para el Noroeste murciano, garantizar que ese mantenimiento sea continuo supone proteger algo más que el asfalto: significa mantener conectados cinco municipios y facilitar la vida cotidiana de quienes han elegido seguir viviendo y trabajando en la comarca.









