El año hidrológico encara su recta final con 522 hectómetros cúbicos autorizados para el Trasvase, la cuarta mayor aportación de su historia. La abundancia de agua en Entrepeñas y Buendía contrasta con la incertidumbre sobre las nuevas reglas de explotación y el aumento de los caudales ecológicos del Tajo, que pueden reducir considerablemente los recursos que lleguen a la cuenca del Segura.
El Trasvase Tajo-Segura está a punto de cerrar uno de sus mejores años mientras sobre su futuro vuelven a acumularse las incertidumbres. Una paradoja especialmente importante para la Región de Murcia, donde el agua que llega desde la cabecera del Tajo continúa siendo fundamental para miles de hectáreas de regadío y para el abastecimiento.
A falta de pocas semanas para terminar el año hidrológico, las autorizaciones acumuladas alcanzan los 522 hectómetros cúbicos, una cantidad que sitúa este ejercicio como el cuarto con mayores aportaciones desde que comenzó a funcionar el acueducto.
La situación de los embalses de Entrepeñas y Buendía ha permitido mantener durante buena parte del año unas condiciones favorables para los envíos hacia el Levante. Pero mientras el presente ofrece agua, la discusión política y técnica se concentra ya en lo que puede ocurrir a partir de los próximos años.
Un año excepcional para el Trasvase
Las lluvias registradas en la cabecera del Tajo han cambiado por completo la fotografía respecto a los periodos de sequía que periódicamente ponen al límite el sistema.
El volumen almacenado en Entrepeñas y Buendía ha permitido que el Trasvase permanezca durante meses en una situación especialmente favorable. De ahí que el año hidrológico vaya camino de terminar con una de las mayores cantidades autorizadas de toda su historia.
Para los regantes del Levante, el dato demuestra algo que llevan años defendiendo: cuando existen recursos suficientes en la cabecera, el acueducto puede garantizar agua para el sureste sin comprometer otros usos.
Sin embargo, la cantidad que llega finalmente al regadío es inferior al volumen total autorizado, ya que una parte se destina al abastecimiento urbano y existen también pérdidas y otros usos contemplados dentro del sistema.
El problema está en lo que viene
La preocupación de Murcia no está tanto en este año como en las modificaciones que se preparan para el futuro.
El incremento progresivo de los caudales ecológicos del río Tajo, establecido en su planificación hidrológica, condicionará las reglas de explotación del Trasvase y puede traducirse en una reducción del agua disponible para Alicante, Murcia y Almería.
El Gobierno murciano y los regantes llevan meses reclamando que cualquier cambio se apoye en criterios técnicos y tenga en cuenta las consecuencias económicas y sociales para el Levante.
Desde Castilla-La Mancha, sin embargo, la lectura es muy diferente. Su Gobierno defiende desde hace años que el Tajo necesita disponer de más agua en su propia cuenca y considera que el actual modelo ha condicionado el desarrollo de los municipios ribereños.
Esa diferencia explica por qué cada modificación de las reglas del Trasvase acaba convirtiéndose en una batalla territorial.
El campo murciano mira con preocupación a 2027
Para Murcia, la cuestión tiene una dimensión especialmente económica.
El agua del Trasvase sostiene una parte importante del regadío intensivo del sureste, vinculado a producciones hortofrutícolas destinadas en buena medida a los mercados europeos. Los regantes advierten de que reducir los envíos obligaría a incrementar el uso de agua desalada, considerablemente más cara y con mayores necesidades energéticas.
El Gobierno central defiende precisamente la desalación y la modernización de las infraestructuras como elementos fundamentales para reducir la dependencia del Tajo-Segura y garantizar los recursos hídricos del Levante.
El Ministerio para la Transición Ecológica mantiene además que los caudales ecológicos responden a la necesidad de cumplir la legislación y mejorar el estado ambiental del Tajo.
Dos planteamientos que vuelven a enfrentarse: garantizar la recuperación ambiental del río y mantener los recursos necesarios para una agricultura que representa una parte importante de la economía del sureste.
Murcia reclama certezas
La Región insiste en que agricultores, empresas y comunidades de regantes necesitan conocer con suficiente antelación qué disponibilidad de agua tendrán en los próximos años.
La incertidumbre afecta directamente a las decisiones de inversión. Modernizar una explotación, introducir nuevos cultivos o contratar trabajadores depende también de saber qué recursos hídricos estarán disponibles y a qué precio.
Por eso el debate sobre el Trasvase difícilmente terminará con este año hidrológico.
Los 522 hectómetros cúbicos autorizados permiten cerrar un ejercicio extraordinariamente favorable. Pero también dejan una imagen paradójica: mientras los embalses tienen agua y el acueducto registra uno de sus mejores años, Murcia afronta uno de los momentos de mayor incertidumbre sobre el futuro del sistema.
El Tajo-Segura vuelve así a demostrar que en el sureste el agua nunca es únicamente agua. Es agricultura, empleo, medio ambiente, territorio y, desde hace décadas, una de las batallas políticas más difíciles de cerrar en España.









