La tormenta golpeó con dureza Loma Blanca y Las Ramblas, dejó daños en melocotón, nectarina y paraguayo, y obligará a los técnicos a recorrer las fincas durante los próximos días para cuantificar el alcance del desastre.
El campo de Cieza vivió ayer, lunes 4 de mayo, uno de esos episodios que siempre se temen y que llegan en el peor momento posible. Bastaron alrededor de diez minutos de granizada para que varios parajes del término municipal quedaran cubiertos de hielo y, con ellos, una parte significativa de la cosecha que estaba a punto de recogerse. La tormenta no fue generalizada, pero descargó con especial virulencia en zonas concretas, lo que obligará a los técnicos a recorrer las fincas afectadas a partir de este martes 5 de mayo para evaluar con precisión las hectáreas dañadas, la cantidad de fruta perdida y el deterioro provocado en la madera.
El episodio coincide con un momento crítico de la campaña de fruta de hueso, ya que en Cieza ya había arrancado la recolección de las variedades más tempranas de albaricoque, nectarina y melocotón. Eso convierte cualquier impacto meteorológico en un problema económico inmediato: los frutos golpeados pierden valor comercial y dejan de ser aptos para los principales canales de venta.
Un recorrido errático y muy localizado
La nube de granizo se formó en la zona de la Venta del Olivo y avanzó después por una franja amplia del término municipal. Cruzó los parajes de Ascoy, Cabezo Redondo, la Serrana, el Quinto, el Elípe, la Loma Blanca y la Macetúa antes de descargar con fuerza en la Hoya del Campo. El recorrido, según las primeras valoraciones del sector, fue irregular, con descargas muy puntuales pero severas en determinados puntos. La Unión de Pequeños Agricultores apunta que la tormenta entró desde la zona del trasvase y avanzó de manera caprichosa, dejando algunos parajes intactos y otros con daños considerables.
Los puntos más castigados fueron Loma Blanca y Las Ramblas, donde el granizo se cebó con plantaciones de melocotón, nectarina y paraguayo, justo las variedades que vertebran la economía agraria local. La situación es complicada de cuantificar a corto plazo, según ha admitido el presidente de COAG en Cieza, Juan Luis Piñera, dado que en las parcelas ciezanas conviven cultivos de paraguayo, nectarina, albaricoque y melocotón en un mismo espacio. Esa mezcla obliga a un trabajo de campo finca por finca y dificulta hacer un balance global a corto plazo.
Apoyo institucional y debate sobre la prevención
El alcalde de Cieza, Tomás Rubio, se desplazó hasta las zonas afectadas acompañado por el presidente local de COAG y por el concejal de Agricultura, Manuel Martínez. El primer edil trasladó su solidaridad a los agricultores y lamentó las jornadas de trabajo que se perderán como consecuencia directa de la tormenta. La comitiva pudo comprobar sobre el terreno la dispersión del daño y la sensación de impotencia que deja una granizada cuando la fruta ya está cuajada en el árbol.
A partir de este martes, los productores comenzarán a cuantificar de forma exhaustiva las pérdidas y a valorar la aplicación del cicatrizante captan, una práctica habitual en estos casos para tratar de contener el deterioro de los árboles golpeados. Mientras tanto, el sector ha vuelto a abrir el debate sobre los sistemas de prevención. Un grupo de agricultores ciezanos ha constituido una sociedad para reclamar a las administraciones el reconocimiento de los sistemas antigranizo basados en cañones de acetileno, que generan ondas de ultrasonido. Ya han pedido una reunión con la delegada del Gobierno en Murcia para defender una herramienta que, aseguran, es legal en otros países europeos.
Estos cañones funcionan de manera automática a partir de mediciones atmosféricas y, según las empresas que los comercializan, son capaces de deshacer la piedra sin impedir la lluvia. Su uso, sin embargo, no está exento de polémica: agricultores del Altiplano sostienen que también disipan las nubes y suelen movilizarse cuando se anuncian episodios de tormenta en primavera o verano. La granizada de este lunes vuelve a poner el debate sobre la mesa justo cuando la campaña entra en su fase más sensible.









