La compañía prevé colocar entre finales de noviembre y principios de diciembre la primera piedra de su centro de semiconductores y ciberseguridad en el Parque Empresarial Murcia Norte. Las instalaciones incorporarán diseño, validación, encapsulado y testado de chips y buscan atraer a la Región empleo especializado en ingeniería, informática y microelectrónica.
Murcia quiere ocupar un lugar en una industria que hasta hace pocos años parecía reservada a los grandes polos tecnológicos de Europa y Asia. La empresa Quantix Edge Security avanza en la puesta en marcha de su futuro centro de semiconductores y ciberseguridad, un proyecto que movilizará más de 40 millones de euros y cuya primera piedra está prevista para finales de noviembre o comienzos de diciembre.
La planta se levantará en el Parque Empresarial Murcia Norte, en el entorno de El Esparragal, una ubicación elegida después de estudiar 25 propuestas procedentes de 15 municipios de la Región. La disponibilidad de suelo, la capacidad eléctrica, las conexiones de telecomunicaciones y la proximidad a universidades y centros tecnológicos terminaron inclinando la balanza hacia Murcia.
El proyecto entra ahora en una fase decisiva. El consejero de Empresa, Empleo y Economía Social, Luis Alberto Marín, y el responsable de Quantix, José Trigueros, han mantenido un encuentro para acelerar los trámites necesarios. Una vez iniciadas las obras, la compañía calcula un plazo de ejecución de entre 12 y 18 meses.
Mucho más que fabricar chips
Hablar de una fábrica de microchips puede llevar a imaginar una enorme cadena de producción de semiconductores. El proyecto murciano tiene un perfil más especializado.
El centro estará dedicado al diseño, validación, caracterización y comercialización de microcontroladores y componentes seguros, especialmente destinados a sectores como la automoción, las infraestructuras críticas y el denominado Internet de las Cosas. También trabajará en criptografía avanzada y tecnologías preparadas para afrontar los futuros desafíos de la computación cuántica.
Una de las claves será precisamente lo que ocurra después del diseño. Las instalaciones incorporarán capacidades de encapsulado y testado de chips, actividades que actualmente tienen una presencia muy reducida en España y que obligan a depender en buena medida de proveedores extranjeros.
Esa dependencia se convirtió en un problema evidente durante la crisis internacional de semiconductores. La falta de componentes afectó desde la fabricación de automóviles hasta electrodomésticos, equipos industriales y dispositivos electrónicos. Europa lleva desde entonces intentando recuperar capacidad propia en un sector considerado estratégico.
Murcia pretende entrar en esa cadena.
Más de 40 millones y empleo especializado
El proyecto cuenta con una importante participación pública. La Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), dependiente del Ministerio para la Transformación Digital, invirtió 19,6 millones de euros y posee el 49% del capital de Quantix. El resto corresponde a empresas españolas y socios tecnológicos europeos.
Las previsiones de empleo han variado según la fase y el alcance considerado. La presentación inicial del centro contemplaba unos 250 puestos asociados a su desarrollo completo, mientras el Gobierno central ha elevado a más de 450 los empleos cualificados que el proyecto podría generar en el territorio contando su impacto más amplio.
Más allá del número final, el perfil de esos trabajadores resulta especialmente relevante.
Quantix busca ingenieros de telecomunicaciones, industriales e informáticos, además de especialistas en microelectrónica. La compañía asegura que ya está captando profesionales de fuera de la Región y del extranjero, e incluso ha citado el caso de un murciano que trabajaba en Alemania y ha regresado para incorporarse al proyecto.
Retener talento también es industria
Ahí puede estar una de las consecuencias más interesantes de la inversión.
Murcia cuenta con universidades capaces de formar ingenieros y profesionales tecnológicos, pero una parte de ese talento termina buscando oportunidades laborales fuera de la Región. Crear puestos altamente especializados permite cambiar, al menos parcialmente, ese recorrido.
El proyecto tendrá además instalaciones vinculadas al Campus de Espinardo, buscando mantener una conexión directa con la Universidad de Murcia y facilitar la transferencia de conocimiento entre investigación y empresa.
No se trata todavía de presentar Murcia como una nueva potencia europea de los semiconductores. Para eso hará falta que la inversión se ejecute, que la planta entre en funcionamiento y, sobre todo, que alrededor de ella aparezcan proveedores, investigación y nuevas empresas.
Pero el movimiento tiene importancia precisamente porque apunta hacia una economía regional más diversificada. Agricultura, turismo, construcción y servicios seguirán teniendo un enorme peso, pero Murcia necesita también actividades capaces de generar empleo tecnológico estable y de alto valor añadido.
La primera piedra prevista para finales de año será solo eso: una primera piedra. El verdadero éxito llegará si dentro de unos años algunos jóvenes murcianos que hoy estudian ingeniería dejan de pensar que para trabajar en tecnología punta tienen necesariamente que hacer las maletas.









