La Guardia Civil ha intensificado durante 2026 la vigilancia frente a la pesca ilegal después de detectar decenas de infracciones en espacios de especial valor ecológico. Cabo de Palos-Islas Hormigas y Cabo Tiñoso figuran entre las zonas sometidas a mayor protección, donde las restricciones buscan preservar los fondos marinos y garantizar el futuro de la pesca artesanal.
Las reservas marinas de la Región de Murcia afrontan un problema que no siempre resulta visible desde tierra. La pesca furtiva continúa obligando a reforzar la vigilancia en algunos de los espacios más valiosos del litoral, precisamente aquellos donde las limitaciones sobre las capturas son mayores para permitir la recuperación de las especies y proteger los ecosistemas.
La Guardia Civil ha detectado decenas de infracciones relacionadas con la pesca ilegal durante 2026 y ha intensificado los controles tanto en el litoral como en otros espacios protegidos de la Región. Entre las áreas especialmente sensibles aparecen Cabo de Palos, Cabo Tiñoso y Cabo Cope, además de distintos puntos del Mar Menor.
Las actuaciones afectan tanto a pescadores recreativos que incumplen cupos o entran en zonas prohibidas como a prácticas que pueden terminar convirtiendo una actividad aparentemente ocasional en un problema ambiental y económico.
Seis bacoretas y más de 60 kilos en El Gorguel
Una de las actuaciones desarrolladas este verano permite hacerse una idea de la dimensión que puede alcanzar una sola infracción.
Agentes del Servicio Marítimo de la Guardia Civil localizaron en julio una embarcación recreativa en las proximidades del polígono de acuicultura de El Gorguel, en Cartagena. Los dos ocupantes habían capturado seis ejemplares de bacoreta que superaban conjuntamente los 60 kilos de peso.
La normativa establece un máximo de cinco kilos de capturas por persona para este tipo de pesca, límite que había sido ampliamente rebasado. Los agentes comprobaron además que la actividad se había realizado en una zona donde estaba prohibido pescar.
Los dos ocupantes fueron denunciados y las capturas intervenidas acabaron destinadas a entidades benéficas.
El caso sirve para ilustrar una realidad que preocupa especialmente a quienes trabajan legalmente en el sector. Cada captura realizada al margen de las normas supone también una competencia desleal para los profesionales que respetan vedas, tallas, cupos y zonas autorizadas.
Cabo de Palos, 1.931 hectáreas especialmente protegidas
La reserva de Cabo de Palos-Islas Hormigas constituye uno de los espacios marinos más valiosos de la costa murciana. Creada en 1995, ocupa 1.931 hectáreas y combina fondos rocosos y arenosos con praderas de Posidonia oceanica.
Su protección no implica que toda actividad pesquera esté prohibida. La pesca profesional puede desarrollarse bajo condiciones muy concretas y únicamente por embarcaciones incluidas en el censo correspondiente.
La Secretaría General de Pesca actualizó este año ese censo y mantiene limitada a once embarcaciones la flota profesional autorizada a faenar dentro de la reserva.
También existen limitaciones para la pesca recreativa y para otras actividades, incluido el buceo, precisamente para evitar que la presión humana termine deteriorando un espacio que se ha convertido además en uno de los grandes atractivos submarinos del Mediterráneo.
La Región aprobó el pasado mayo una nueva regulación para las aguas interiores de Cabo de Palos-Islas Hormigas, actualizando la delimitación y los usos permitidos en la reserva.
Cabo Tiñoso, refugio para la reproducción
La protección se extiende también a Cabo Tiñoso, otro enclave fundamental para la biodiversidad marina regional.
Sus fondos albergan praderas marinas bien conservadas, cuevas sumergidas, bancos de arena y otras formaciones que ofrecen condiciones especialmente favorables para la reproducción y el crecimiento de especies de interés pesquero.
Ese efecto es precisamente uno de los argumentos fundamentales para proteger las reservas.
No son únicamente espacios donde se limita la pesca. Funcionan también como zonas de reproducción y recuperación de poblaciones que posteriormente pueden desplazarse hacia aguas próximas, beneficiando a los propios caladeros utilizados por la pesca artesanal.
El Ministerio de Agricultura renovó en junio su convenio con la Región de Murcia para mantener la gestión compartida de las reservas de Cabo de Palos y Cabo Tiñoso, reforzando la coordinación entre ambas administraciones.
Un perjuicio ambiental y también económico
La pesca furtiva suele analizarse desde su impacto sobre el medio ambiente, pero existe otra consecuencia menos visible.
Los pescadores profesionales están sometidos a controles sobre embarcaciones, artes utilizadas, temporadas, especies y cantidades capturadas. Quien pesca fuera de esas reglas obtiene un producto sin asumir las mismas obligaciones.
El daño aumenta cuando las capturas ilegales terminan entrando en circuitos comerciales.
Por eso la vigilancia no persigue solamente proteger determinados peces. También pretende garantizar que quienes viven legalmente de la pesca no tengan que competir con capturas obtenidas incumpliendo las normas.
En espacios como Cabo de Palos o Cabo Tiñoso, esa protección resulta especialmente relevante porque buena parte del modelo de conservación se apoya precisamente en compatibilizar biodiversidad y pesca artesanal.
Proteger las reservas para poder seguir pescando
La existencia de restricciones puede generar conflictos, especialmente durante el verano, cuando aumenta considerablemente el número de embarcaciones recreativas en el litoral murciano.
Pero las reservas marinas parten de una idea bastante sencilla: reducir la presión sobre determinados espacios permite que las poblaciones de peces se recuperen y que la actividad pesquera pueda mantenerse a largo plazo.
Los controles desarrollados durante 2026 muestran que todavía existe margen para mejorar el cumplimiento de esas normas.
La Guardia Civil mantiene la vigilancia mientras las administraciones continúan actualizando la regulación de los espacios protegidos. El objetivo no es sacar la pesca del mar murciano, sino exactamente lo contrario: evitar que las capturas ilegales terminen perjudicando a quienes deberán seguir pescando dentro de unos años.









