El almendro ha sido uno de los cultivos más castigados por un agosto marcado por el granizo, las fuertes rachas de viento y las lluvias intensas. Unión Agraria reclama ayudas extraordinarias para las explotaciones que han quedado fuera del seguro y medidas fiscales para garantizar su continuidad. El mes dejó además un récord histórico de 5.709 rayos en la Región.
El campo murciano empieza septiembre haciendo cuentas después de un agosto especialmente complicado. Las sucesivas tormentas que atravesaron la Región, algunas acompañadas de granizo, fuertes rachas de viento e inundaciones, han dejado daños en alrededor de 6.000 hectáreas de cultivos, según los datos de la Consejería de Agricultura manejados por la Unión Agraria de la Región de Murcia (UARM).
Todavía no existe una valoración económica definitiva. Los técnicos continúan evaluando las explotaciones afectadas y la intensidad de los daños varía considerablemente de unas zonas a otras. Lo que sí está claro es que las tormentas llegaron en uno de los peores momentos posibles para algunos agricultores.
El almendro ha sido uno de los grandes perjudicados. Las lluvias y, sobre todo, el viento coincidieron con la campaña de recolección y provocaron la caída de una parte de la producción cuando la almendra estaba lista para recogerse. También se han registrado daños en viñedos, olivares, cítricos y otros frutales.
Del calor extremo al granizo
El verano ha sometido a los agricultores murcianos a una sucesión de fenómenos extremos. Si durante semanas la preocupación estuvo centrada en las altas temperaturas, agosto terminó dejando también tormentas de una intensidad poco habitual.
El balance de AEMET resulta especialmente llamativo: durante el pasado mes se registraron 5.709 descargas nube-tierra, la cifra más alta contabilizada en la Región de Murcia no solo para un agosto, sino para cualquier mes desde que existen registros.
Solo el 10 de agosto se produjeron 3.610 rayos, casi dos tercios del total mensual.
Y todo ello en medio de un calor persistente. Agosto tuvo una temperatura media de 27,3 grados, 1,6 grados por encima del promedio climático, convirtiéndose en el tercer agosto más cálido de los últimos 66 años. En Los Valientes, Molina de Segura, los termómetros alcanzaron los 43,5 grados el día 19.
Agricultores que pueden quedarse fuera de las indemnizaciones
Unión Agraria reclama ahora que las administraciones no se limiten a contabilizar los daños.
Su presidente, Antonio Martínez, pide ayudas extraordinarias para compensar las pérdidas que no estén cubiertas por los seguros agrarios, además de apoyo específico para aquellos profesionales que no pudieron contratar una póliza por motivos económicos.
La organización propone también medidas fiscales y financieras para las explotaciones más perjudicadas y reclama acelerar la reparación de caminos rurales e infraestructuras dañadas por las lluvias.
La situación resulta especialmente delicada para las pequeñas explotaciones familiares. Una cosecha perdida no supone únicamente dejar de ingresar durante una campaña: los gastos de mantenimiento, combustible, fertilizantes, maquinaria o mano de obra ya se han producido y hay que afrontar además la preparación de la siguiente temporada.
El seguro agrario vuelve al centro del debate
Las tormentas han vuelto a poner sobre la mesa la importancia del aseguramiento en un escenario climático cada vez más imprevisible.
Una evaluación anterior de la Consejería, correspondiente a uno de los episodios de granizo de agosto, localizó daños de distinta consideración en algo más de 2.600 hectáreas, de las cuales aproximadamente el 70% contaba con seguro agrario.
El problema queda en el 30% restante y en aquellas explotaciones donde las coberturas contratadas no compensen completamente las pérdidas sufridas.
Los agricultores llevan tiempo advirtiendo de que asegurar determinadas producciones puede resultar demasiado costoso, especialmente para explotaciones con márgenes de rentabilidad cada vez más reducidos.
Un campo pendiente también del relevo generacional
A los daños meteorológicos se suma otro problema de fondo: cada vez resulta más difícil encontrar jóvenes dispuestos a continuar trabajando en el campo.
Unión Agraria relaciona esta falta de relevo generacional con la pérdida de rentabilidad de numerosas explotaciones y con una incertidumbre creciente. Sequía, incremento de costes y fenómenos meteorológicos extremos convierten cada campaña en una apuesta más arriesgada.
La organización agraria ha trasladado sus propuestas a la Consejería y espera mantener una reunión para estudiar las medidas que puedan adoptarse.
Las 6.000 hectáreas dañadas dejan así algo más que el balance de unas tormentas de verano. Detrás de cada parcela afectada hay agricultores que deben decidir si disponen de recursos suficientes para afrontar otra campaña.
Y ese será ahora el verdadero problema: que después del granizo y del viento, algunas explotaciones no puedan volver a levantarse sin ayuda.









