El presidente del Gobierno aprovecha su entrevista con David Broncano para reivindicar las políticas sociales de los últimos años, reconocer errores y advertir de lo que supondría un retroceso en derechos. También habla sin esquivar la corrupción y admite la decepción que le produjo el caso Ábalos.
Pedro Sánchez eligió este jueves un escenario poco habitual para hablar de política. El presidente del Gobierno se sentó frente a David Broncano en La Revuelta y utilizó el formato desenfadado del programa para dirigirse a un público alejado en buena medida de las entrevistas políticas tradicionales.
Hubo bromas, ironía y momentos personales, pero también política. Mucha. Sánchez habló de pensiones, vivienda, salario mínimo, inmigración, corrupción y derechos sociales, y aprovechó la conversación para dibujar una de las ideas que previsiblemente marcarán su campaña: la posibilidad de que una mayoría de PP y Vox revierta parte de las políticas desarrolladas durante los últimos años.
«No podemos permitir que avance el pasado», resumió el candidato socialista.
Pensiones y derechos sociales como línea roja
Sánchez reivindicó la revalorización de las pensiones y las sucesivas subidas del salario mínimo como ejemplos de dos modelos diferentes de entender la política económica.
El presidente defendió que el crecimiento económico debe trasladarse a las condiciones de vida de trabajadores y pensionistas y situó la protección social como uno de los elementos sobre los que los ciudadanos tendrán que decidir en las próximas elecciones.
No es un asunto menor. Las pensiones han irrumpido con fuerza en la discusión política después de las declaraciones realizadas desde el PP sobre la sostenibilidad del sistema y el posterior compromiso de Alberto Núñez Feijóo de mantener su actualización conforme al IPC.
Sánchez aprovechó ese contexto para presentar las políticas sociales de su Gobierno no como concesiones coyunturales, sino como derechos que pueden avanzar o retroceder dependiendo de las mayorías políticas.
Vivienda: reconocer el problema no basta
Uno de los asuntos más delicados de la entrevista fue la vivienda.
Sánchez defendió las medidas adoptadas por el Ejecutivo, pero reconoció las dificultades para intervenir con mayor contundencia en un mercado que expulsa a muchos jóvenes de las grandes ciudades y obliga a numerosas familias a dedicar una parte cada vez mayor de sus ingresos al alquiler.
El presidente reclamó más herramientas para actuar y recordó que algunas comunidades autónomas gobernadas por el PP se niegan a aplicar mecanismos previstos en la Ley de Vivienda, como la declaración de zonas tensionadas.
Pero la vivienda continúa siendo también una de las asignaturas pendientes del Gobierno progresista. Después de años de legislatura, los precios siguen representando una barrera enorme para miles de ciudadanos y las medidas aprobadas no han conseguido todavía garantizar un acceso asequible de manera generalizada.
Reconocerlo resulta imprescindible. Defender una política progresista de vivienda significa también aceptar que queda mucho por hacer.
La corrupción: «una decepción doble»
Broncano tampoco dejó fuera uno de los asuntos más incómodos para el presidente.
Sánchez habló de los casos de corrupción que han afectado a personas que estuvieron muy próximas a él y reconoció especialmente el impacto que le produjo conocer las investigaciones relacionadas con José Luis Ábalos.
El presidente habló de una «decepción doble»: política, por el daño causado a su partido y a las instituciones, y personal, por tratarse de personas en las que había depositado su confianza.
Aquí no caben atajos ideológicos. La exigencia frente a la corrupción debe ser exactamente la misma gobierne quien gobierne.
La izquierda pierde una parte esencial de su credibilidad cuando pretende exigir ejemplaridad al adversario mientras relativiza las conductas irregulares que aparecen en sus propias filas. Sánchez trató de marcar distancias con los investigados y defendió la respuesta de su partido, pero las responsabilidades deberán aclararse hasta el final.
Autocrítica sobre Ceuta
También hubo espacio para reconocer errores de gestión.
Sánchez admitió que la crisis migratoria vivida en Ceuta podría haberse gestionado mejor, aunque defendió la necesidad de mantener una relación estable con Marruecos y de afrontar la inmigración desde una perspectiva que no se limite exclusivamente al control fronterizo.
La cuestión migratoria será previsiblemente uno de los campos en los que Vox tratará de imponer su discurso durante la campaña.
Frente a las propuestas de endurecimiento y expulsiones defendidas desde la extrema derecha, Sánchez insistió en la necesidad de hablar también de integración y convivencia.
Será uno de los grandes enfrentamientos ideológicos de los próximos meses: considerar la inmigración fundamentalmente como una amenaza o abordarla como una realidad social que necesita regulación, políticas públicas e integración.
«No podemos permitir que avance el pasado»
La frase más política de la noche condensó buena parte del mensaje que Sánchez quiso trasladar.
«No podemos permitir que avance el pasado».
El presidente vinculó esa advertencia al crecimiento de la extrema derecha y a la posibilidad de que PP y Vox puedan gobernar juntos.
La expresión puede formar parte de la retórica electoral, pero detrás existe una discusión política concreta. Derechos de las mujeres, políticas LGTBI, memoria democrática, inmigración, fiscalidad, salario mínimo, vivienda o servicios públicos forman parte de las profundas diferencias existentes entre los bloques.
Sánchez intentó presentar las próximas elecciones precisamente en esos términos: no únicamente como una decisión sobre quién ocupará La Moncloa, sino sobre qué políticas sociales deben conservarse y cuáles pueden ponerse en cuestión.
La izquierda también tiene que rendir cuentas
La entrevista permitió al presidente reivindicar su gestión, pero el balance de estos años no puede reducirse a enfrentar los avances sociales con la amenaza de la derecha.
Un proyecto progresista necesita también explicar sus insuficiencias.
La vivienda continúa disparada. Las listas de espera sanitarias siguen castigando a miles de ciudadanos. Muchos jóvenes trabajan y aun así no pueden independizarse. Y la precariedad continúa formando parte de la vida cotidiana de demasiadas familias.
Si la izquierda quiere movilizar a quienes alguna vez confiaron en ella, no será suficiente con advertir de lo que puede ocurrir si gobierna la derecha. Tendrá que demostrar también qué pretende hacer con los problemas que todavía no ha conseguido resolver.
Ese es probablemente el desafío más importante que Sánchez tiene por delante.
La campaña también se juega fuera de los mítines
La presencia del presidente en La Revuelta muestra además cómo está cambiando la comunicación política.
Una parte importante de los jóvenes apenas consume debates parlamentarios o entrevistas políticas convencionales. Sí ve programas como el de Broncano, escucha pódcast y recibe buena parte de la información a través de las redes sociales.
Por eso Sánchez fue a La Revuelta.
No únicamente para bromear con Broncano, sino para entrar en un espacio donde puede encontrarse con ciudadanos a los que difícilmente alcanzaría un mitin.
La política española ha descubierto que la campaña ya no se libra solamente en el Congreso, los informativos o los grandes actos electorales. También se disputa en un sofá, entre una broma y otra.
Y Sánchez utilizó el de Broncano para lanzar su mensaje: defender lo avanzado, reconocer lo que no ha funcionado y advertir de que los derechos conquistados tampoco son irreversibles.









