Los dos gobiernos acuerdan trabajar para retirar las restricciones implantadas tras la crisis migratoria de Ceuta. Roma las prorroga solo siete días para hacer coincidir su vencimiento con las medidas españolas, mientras los ministros del Interior negociarán mecanismos alternativos de cooperación.
España e Italia han comenzado a cerrar una crisis diplomática que se prolonga desde finales de julio. Pedro Sánchez y Giorgia Meloni acordaron este jueves, durante una conversación al margen del Consejo Europeo en Bruselas, coordinar la retirada de los controles fronterizos entre ambos países y sustituirlos por otras fórmulas de cooperación en materia de seguridad.
La decisión no implica que los controles desaparezcan inmediatamente. Italia ha aprobado una última prórroga de siete días para hacer coincidir su calendario con el español. Madrid mantiene oficialmente sus medidas hasta el 22 de octubre, aunque la orden publicada en el BOE permite levantarlas antes si desaparecen las circunstancias que las motivaron o pueden afrontarse mediante mecanismos menos restrictivos.
Los ministros del Interior de ambos países deberán trabajar durante los próximos días para acordar precisamente esas medidas alternativas. El objetivo político de Madrid y Roma es recuperar la normalidad en la circulación entre ambos Estados después de más de dos meses de enfrentamiento por la respuesta europea a la crisis migratoria de Ceuta.
Una crisis que comenzó en Ceuta
El origen del conflicto se encuentra en la entrada masiva de migrantes registrada en Ceuta a finales de julio. El Gobierno italiano decidió entonces restablecer temporalmente los controles para viajeros procedentes de España en puertos y aeropuertos, alegando razones de seguridad nacional y el riesgo de que la crisis pudiera tener consecuencias para otros países europeos.
La medida provocó una dura respuesta del Gobierno español, que la consideró injustificada y discriminatoria. Ante la negativa inicial de Roma a retirarla, España respondió el 8 de agosto estableciendo controles recíprocos a los viajeros procedentes de Italia.
Desde entonces, ambos gobiernos han ido prorrogando las restricciones. Italia volvió a ampliarlas el 30 de septiembre y España hizo lo mismo mediante una orden que fijó su vigencia desde el 8 hasta el 22 de octubre.
Las medidas han afectado principalmente a las conexiones aéreas y marítimas. No existe una frontera terrestre directa entre ambos países, por lo que los controles se realizan sobre pasajeros que llegan en avión o barco.
La situación supuso una anomalía dentro del espacio Schengen, basado precisamente en la eliminación de los controles sistemáticos en las fronteras interiores de los países que lo integran.
Dos meses de tensión entre Madrid y Roma
La inmigración ha sido uno de los principales puntos de fricción entre los gobiernos de Sánchez y Meloni. La primera ministra italiana defendió esta misma semana la decisión de mantener los controles y aseguró ante el Parlamento de su país que Italia tenía derecho a proteger sus fronteras.
España, por su parte, ha sostenido que la reacción italiana era desproporcionada y que la situación de Ceuta no justificaba mantener durante meses restricciones a los viajeros españoles.
El conflicto, sin embargo, llega ahora a una fase distinta. La prórroga italiana de solo siete días ha sido planteada como un periodo de transición para coordinar la eliminación de los controles con España, en lugar de una nueva prolongación del enfrentamiento.
La conversación entre Sánchez y Meloni se produce además en un momento en el que la Unión Europea ha mostrado un respaldo más claro a España respecto a la crisis de Ceuta. Los Veintisiete han reconocido la singularidad de Ceuta y Melilla como fronteras terrestres europeas en África y la necesidad de reforzar la respuesta común ante situaciones de presión migratoria.
Ese cambio de escenario ha facilitado que Madrid y Roma busquen una salida negociada sin que ninguno de los dos gobiernos tenga que retirar unilateralmente sus medidas.
La inmigración sigue separando a Sánchez y Meloni
El acuerdo para recuperar la normalidad fronteriza no significa que hayan desaparecido las diferencias entre ambos gobiernos.
Meloni mantiene una política migratoria considerablemente más restrictiva y ha criticado la regularización extraordinaria impulsada por el Ejecutivo español. Durante la cumbre europea, Italia y otros países han vuelto a expresar sus reservas sobre las consecuencias que decisiones nacionales de este tipo pueden tener sobre el conjunto del espacio Schengen.
España defiende, por el contrario, que su política migratoria responde a las necesidades laborales y demográficas del país y rechaza que la regularización pueda vincularse directamente con la crisis vivida en Ceuta.
Las discrepancias continuarán previsiblemente en las instituciones europeas, pero ambos gobiernos parecen haber decidido separar ese enfrentamiento político de la circulación de ciudadanos entre España e Italia.
Si los ministros del Interior alcanzan el acuerdo previsto durante los próximos días, los controles podrían desaparecer alrededor del 22 de octubre, poniendo fin a más de dos meses de restricciones en puertos y aeropuertos.









