El fuego de Los Garres deja una lección que va mucho más allá de la emergencia vivida esta semana. 177 hectáreas quemadas y una pegunta pendiente: ¿estamos preparados para el próximo incendio?
Cuando un incendio forestal ocupa los titulares, toda la atención se concentra en las llamas. Es lógico. Miramos el humo, los helicópteros, los desalojos, los efectivos desplegados y la evolución del fuego. Contamos hectáreas. Seguimos los partes de emergencia. Esperamos que la situación quede controlada. Y cuando finalmente ocurre, respiramos aliviados. Pero es precisamente entonces cuando debería comenzar la conversación más importante. Porque el incendio de Los Garres, que ha arrasado 177 hectáreas del entorno de El Valle-Carrascoy, no deja únicamente terreno quemado. También deja preguntas. Y algunas son incómodas.
El éxito de la respuesta no debe ocultar el problema
Lo primero es reconocer el trabajo realizado. Centenares de profesionales participaron en las labores de extinción. Bomberos, brigadas forestales, agentes medioambientales, cuerpos de seguridad, Protección Civil y la Unidad Militar de Emergencias actuaron con rapidez y coordinación. Gracias a ello no hubo que lamentar víctimas personales y los vecinos evacuados pudieron regresar a sus viviendas. Eso merece reconocimiento.
Pero precisamente porque la respuesta ha sido eficaz, existe el riesgo de que olvidemos demasiado pronto la pregunta de fondo: ¿estamos preparados para el próximo incendio? Porque lo preocupante no es únicamente el fuego que hemos apagado. Lo preocupante es el fuego que todavía no ha comenzado.
Cada verano parece más difícil
Las altas temperaturas ya no son una excepción. Los episodios de calor extremo son cada vez más frecuentes. La vegetación llega más seca al verano. Los periodos sin lluvia se prolongan. Y los incendios encuentran condiciones cada vez más favorables para propagarse. No hace falta ser experto para percibirlo.
Basta con hablar con agricultores, senderistas, vecinos de las pedanías o personas que conocen el monte desde hace décadas. Muchos coinciden en una misma sensación: cada verano parece más exigente que el anterior. Y eso obliga a replantear algunas cuestiones que durante años han permanecido en segundo plano.
Los incendios ocupan portadas. La prevención casi nunca.
La prevención no genera titulares
Existe una paradoja curiosa. Los incendios ocupan portadas. La prevención casi nunca.
Sin embargo, la verdadera batalla se libra mucho antes de que aparezca la primera llama. Se libra en la limpieza de montes. En la gestión forestal. En los cortafuegos. En la vigilancia. En la educación ambiental. En la planificación urbanística. Y también en la inversión pública. Todo eso resulta menos espectacular que un helicóptero descargando agua sobre un incendio. Pero probablemente sea mucho más importante.
Es especialmente interesante constatar cómo el Estado se involucra en la prevención y cómo prevenir los incendios forestales.
Vivir junto al monte
Murcia, como tantas otras regiones mediterráneas, convive con una realidad compleja. Murcia, como tantas otras regiones mediterráneas, convive con una realidad compleja. Muchas zonas residenciales se encuentran muy cerca de espacios naturales de enorme valor ambiental. Eso ofrece ventajas evidentes: paisaje, naturaleza, calidad de vida. Pero también implica riesgos.
El incendio de Los Garres ha recordado hasta qué punto la frontera entre el espacio urbano y el forestal puede convertirse en un punto especialmente sensible durante los meses más calurosos del año.
La pregunta no es si debemos vivir cerca del monte. La pregunta es cómo hacerlo de forma segura.
Lo que está en juego
A menudo hablamos de incendios en términos de hectáreas. 177 hectáreas. 200 hectáreas. 500 hectáreas. Pero detrás de cada cifra hay algo más. Hay ecosistemas. Hay fauna, paisaje, patrimonio natural. Y también hay una parte de la memoria colectiva de quienes viven cerca de esos lugares.
El monte no es únicamente un espacio físico. Forma parte de la identidad de muchos pueblos y ciudades. Cuando arde, no solo desaparecen árboles. También desaparece una parte de algo que sentimos como propio.
La pregunta que permanece
El incendio está controlado y los vecinos han vuelto a casa. Los equipos de emergencia comienzan a retirarse. La actualidad seguirá avanzando hacia otros asuntos. Pero la pregunta sigue ahí. Quizá sea la única que realmente importa:
¿Estamos haciendo todo lo posible para evitar el próximo incendio?
Porque el verdadero éxito no consiste únicamente en apagar las llamas cuando aparecen. El verdadero éxito consiste en que nunca lleguen a producirse.









