Los bebés de Moratalla, Cehegín, Calasparra y Bullas nacen mayoritariamente en el Hospital Comarcal del Noroeste, en Caravaca, y ese municipio queda registrado oficialmente como su lugar de nacimiento
Nacer en Moratalla, Cehegín, Calasparra o Bullas se ha convertido, en la práctica, en algo difícil de encontrar en una inscripción de nacimiento.
No porque en estos municipios hayan dejado de nacer niños, sino porque sus familias se desplazan al Hospital Comarcal del Noroeste, situado en Caravaca de la Cruz, centro hospitalario de referencia para la comarca. Como consecuencia, Caravaca es el lugar que figura oficialmente como nacimiento cuando el parto se produce allí.
La situación ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión que puede parecer meramente administrativa, pero que en los pequeños municipios adquiere otra dimensión: la identidad local y la manera en que las estadísticas terminan reflejando la realidad demográfica del territorio.
El problema aparece después del parto
Que los partos se concentren en Caravaca resulta lógico desde el punto de vista sanitario. El Hospital Comarcal del Noroeste presta servicio al Área IV de Salud, que engloba a los municipios de la comarca.
La peculiaridad aparece después.
Con el nuevo modelo digital del Registro Civil, DICIREG, las inscripciones electrónicas recogen los datos correspondientes al nacimiento conforme a la Ley 20/2011 del Registro Civil. El Ministerio de Justicia confirma que DICIREG es actualmente el sistema utilizado para estas inscripciones electrónicas y que su implantación se ha ido extendiendo a las oficinas del Registro Civil.
En el caso de las familias de estos cuatro municipios, si el parto tiene lugar en el hospital de Caravaca, Caravaca de la Cruz consta como lugar de nacimiento, independientemente de que los padres y el recién nacido residan en Moratalla, Bullas, Cehegín o Calasparra.
Una cuestión que va más allá de una línea en el Registro
El asunto ha generado debate en el Noroeste porque afecta a municipios que llevan años preocupados por la pérdida de población y por la concentración de determinados servicios en las localidades de mayor tamaño.
Un niño puede vivir toda su infancia en Moratalla, pertenecer a una familia de Moratalla y estar empadronado allí desde sus primeros días, pero su lugar oficial de nacimiento seguirá siendo Caravaca si nació en el hospital comarcal.
Lo mismo ocurre con las familias de Bullas, Cehegín y Calasparra.
La situación no significa que estos municipios pierdan automáticamente esos habitantes en sus padrones. Residencia y lugar de nacimiento son datos diferentes. Pero sí provoca que las estadísticas basadas específicamente en el municipio de nacimiento ofrezcan una imagen peculiar de estas localidades.
Moratalla pide cambiar la situación
La cuestión ya ha llegado al ámbito institucional.
Según la información publicada en el Noroeste, el Ayuntamiento de Moratalla se ha sumado a la reivindicación para intentar corregir esta situación, que no puede resolverse simplemente modificando el funcionamiento administrativo de un hospital.
El problema está relacionado con el propio criterio legal utilizado para determinar el lugar de nacimiento.
La Ley del Registro Civil establece que la inscripción acredita, entre otros datos, el lugar donde se produce el nacimiento, sin establecer con carácter general que pueda sustituirse por el municipio de residencia de los progenitores.
Por tanto, una modificación de este criterio exigiría abordar la cuestión desde el ámbito estatal.
Cuando la despoblación también aparece sobre el papel
El debate puede parecer simbólico frente a problemas mucho mayores como el empleo, las comunicaciones, la sanidad o la pérdida de habitantes.
Pero para los municipios pequeños los símbolos también cuentan.
Moratalla, Cehegín, Calasparra y Bullas continúan teniendo niños, familias y nuevas generaciones. Lo que prácticamente han dejado de tener son niños cuyo documento diga que nacieron allí.
Es una consecuencia de la concentración de los servicios sanitarios y de un sistema registral diseñado con criterios generales que produce efectos particulares en territorios rurales.
El Noroeste lleva años reclamando mejores comunicaciones, servicios y oportunidades para evitar que sus habitantes tengan que marcharse.
Ahora aparece una paradoja mucho más sencilla: incluso quienes permanecen y forman una familia en sus pueblos pueden descubrir que sus hijos, administrativamente, nacieron en otro lugar.









