Tras 44 años detrás del mostrador, una de las quiosqueras más conocidas del centro de Murcia baja la persiana. Su despedida refleja también la lenta desaparición de un oficio que durante décadas formó parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Murcia ha dicho adiós estos días a algo más que un quiosco.
Con la jubilación de Mari Carmen, una de las quiosqueras más conocidas del centro de la ciudad, desaparece también una pequeña pieza de la memoria cotidiana de varias generaciones de murcianos. Tras 44 años de trabajo, su establecimiento, situado entre El Corte Inglés y el Hotel Sercotel Amistad, ha bajado la persiana definitivamente.
La noticia ha despertado numerosas muestras de cariño entre clientes habituales, vecinos y personas que durante años hicieron de aquel pequeño espacio una parada obligatoria para comprar el periódico, una revista, un pasatiempo o simplemente intercambiar unas palabras antes de continuar con la jornada.
Un oficio cada vez más difícil
El caso de Mari Carmen no es una excepción.
Los quioscos han ido desapareciendo progresivamente de muchas ciudades españolas como consecuencia de los cambios en los hábitos de consumo, la digitalización de los medios de comunicación y la dificultad para encontrar relevo generacional. A pesar de que en la mayoría de las ocasiones han tenido la voluntad de evolucionar y adaptarse.
En el centro de Murcia cada vez quedan menos ejemplos de un oficio que durante décadas formó parte del paisaje urbano y de la rutina diaria de miles de personas. La propia quiosquera explicaba en declaraciones recogidas por Radio Murcia que muchas personas desconocen el esfuerzo que existe detrás de un negocio de estas características, con jornadas largas, gestión de publicaciones, devoluciones y una dedicación constante durante prácticamente todo el año.
Testigo de la historia reciente de Murcia
Durante más de cuatro décadas, desde su pequeño establecimiento pasaron noticias, acontecimientos deportivos, fenómenos editoriales y miles de conversaciones.
Mari Carmen recuerda momentos de enorme actividad informativa, como la muerte de Paquirri o las etapas en las que el Real Murcia competía en Primera División. También conserva fotografías y recuerdos de artistas, actores y personalidades que pasaron por la zona a lo largo de los años.
Su quiosco no era únicamente un punto de venta.
Era también un lugar donde muchas personas comenzaban el día, compartían impresiones sobre la actualidad o mantenían una relación de confianza construida durante años.
Lo que desaparece cuando cierra un quiosco
La desaparición de estos pequeños negocios plantea una reflexión que va más allá del papel o de las revistas.
Los quioscos fueron durante décadas espacios de proximidad. Lugares donde los nombres importaban más que los algoritmos y donde la actualidad llegaba acompañada de una conversación, una recomendación o una simple pregunta sobre cómo iba la semana.
Por eso muchos vecinos han recibido esta despedida con cierta nostalgia. No porque desaparezca únicamente un comercio, sino porque con él se marcha también una forma de relacionarse con la ciudad.
Una despedida llena de gratitud
En su último día de trabajo, Mari Carmen quiso agradecer el cariño recibido durante tantos años compartiendo una cerveza con algunos de sus clientes habituales. Un gesto sencillo que resume bien la relación construida durante más de cuatro décadas al otro lado del mostrador.
La persiana se ha cerrado.
Pero para muchos murcianos seguirá siendo uno de esos rincones de la ciudad que solo se valoran plenamente cuando desaparecen.







