España ha impulsado la creación de una coalición internacional para reforzar la protección de niños y adolescentes frente a los riesgos derivados de la inteligencia artificial (IA). La iniciativa, presentada durante el primer Diálogo Global sobre Gobernanza de la Inteligencia Artificial de Naciones Unidas en Ginebra, reúne a más de una veintena de países y cuenta con el respaldo de organismos internacionales como UNICEF, la UNESCO y la Comisión Europea. El objetivo es promover un desarrollo de la IA que garantice la seguridad, los derechos y el bienestar de los menores en todo el mundo.
La inteligencia artificial se ha integrado en muy poco tiempo en la vida cotidiana. Cada vez son más los menores que utilizan herramientas basadas en IA para estudiar, buscar información, crear contenidos o interactuar con asistentes virtuales. Sin embargo, este rápido avance tecnológico también ha puesto sobre la mesa nuevos riesgos que preocupan a gobiernos, expertos y organizaciones internacionales.
Consciente de este escenario, España ha decidido dar un paso al frente promoviendo una alianza internacional que siente las bases de una protección común para la infancia en la era de la inteligencia artificial. La propuesta pretende evitar que se repitan errores cometidos con el desarrollo de las redes sociales, donde la regulación llegó años después de que millones de menores comenzaran a utilizarlas de forma masiva.
Una coalición para proteger a la infancia
La iniciativa española nace bajo el paraguas de Naciones Unidas y busca reunir a gobiernos, instituciones internacionales, empresas tecnológicas y organizaciones de la sociedad civil para establecer principios compartidos sobre el uso responsable de la inteligencia artificial cuando afecta a niños y adolescentes.
Entre los países que respaldan la propuesta figuran Francia, Austria, Brasil, Canadá, Corea del Sur, República Checa, El Salvador, Kenia y otros Estados comprometidos con una regulación internacional de la IA. También participan entidades como UNICEF y la UNESCO, que llevan años alertando sobre la necesidad de adaptar los derechos de la infancia al entorno digital.
Aunque la coalición no tiene por ahora carácter vinculante, sus impulsores consideran que puede convertirse en el punto de partida para futuras normas internacionales que garanticen un uso seguro y ético de esta tecnología.
Los riesgos que más preocupan
Uno de los principales argumentos de la coalición es que la inteligencia artificial ofrece enormes oportunidades, pero también plantea amenazas inéditas para los menores.
Entre los riesgos identificados destacan la creación de deepfakes con imágenes de niños y adolescentes, la difusión de contenidos perjudiciales generados automáticamente, la manipulación mediante algoritmos capaces de influir en el comportamiento de los usuarios más jóvenes y la recopilación masiva de datos personales con fines comerciales.
Los expertos también alertan sobre la posibilidad de que determinados sistemas de IA puedan reforzar estereotipos, difundir desinformación o facilitar nuevas formas de acoso digital difíciles de detectar por las familias y los propios centros educativos.
La inteligencia artificial también ofrece grandes oportunidades
Pese a estas amenazas, la coalición insiste en que la inteligencia artificial no debe contemplarse únicamente desde una perspectiva de riesgo.
La IA ya está contribuyendo a mejorar procesos educativos mediante herramientas de aprendizaje personalizado, asistentes que ayudan a resolver dudas en tiempo real o aplicaciones que facilitan la accesibilidad a estudiantes con necesidades específicas.
En el ámbito sanitario también comienza a utilizarse para apoyar diagnósticos, mejorar la atención temprana y desarrollar nuevas herramientas de apoyo a menores con dificultades cognitivas o del lenguaje.
El reto consiste en garantizar que estas oportunidades puedan desarrollarse sin comprometer la privacidad, la seguridad ni los derechos fundamentales de la infancia.
La inteligencia artificial ya está transformando numerosos sectores económicos y productivos. En la Región de Murcia, por ejemplo, cada vez más empresas incorporan soluciones basadas en IA para mejorar su competitividad, optimizar procesos y desarrollar nuevos modelos de negocio. En Contrapunto de Murcia ya analizamos cómo esta revolución tecnológica está cambiando el tejido empresarial de la comunidad y los retos que plantea para el futuro en el reportaje «La inteligencia artificial transforma el tejido empresarial de la Región de Murcia: oportunidades, retos y una carrera por la competitividad».
España quiere anticiparse a los problemas
El Gobierno español defiende que la regulación debe adelantarse al desarrollo tecnológico y no llegar cuando los problemas ya sean difíciles de corregir.
En este sentido, recuerda que España fue uno de los países que impulsó en la Unión Europea la prohibición de determinados deepfakes sexuales y la creación de un marco regulador específico para la inteligencia artificial. Ahora pretende trasladar esa experiencia al ámbito internacional mediante una acción coordinada entre gobiernos y organismos multilaterales.
Durante la presentación de la iniciativa, el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, defendió que la inteligencia artificial debe desarrollarse respetando los derechos humanos y que la protección de los menores debe convertirse en una prioridad desde el diseño de cualquier sistema basado en IA.
Un debate global que acaba de empezar
La velocidad con la que evoluciona la inteligencia artificial está obligando a gobiernos, empresas y organismos internacionales a replantear las reglas del entorno digital.
Mientras cada vez aparecen herramientas más potentes capaces de generar textos, imágenes, vídeos y voces prácticamente indistinguibles de la realidad, también crece la preocupación por su posible utilización con fines ilícitos o perjudiciales para colectivos especialmente vulnerables como la infancia.
La coalición impulsada por España no supone todavía una nueva legislación internacional, pero sí representa un primer paso hacia la construcción de un marco común que permita aprovechar los beneficios de la inteligencia artificial sin poner en riesgo los derechos de niños y adolescentes.
En un contexto de rápida transformación tecnológica, el consenso entre los países participantes es claro: proteger a los menores en la era de la inteligencia artificial será uno de los grandes desafíos de la próxima década.








