La laguna salada inicia la temporada estival con parámetros ambientales estables y una intensa vigilancia científica, aunque expertos e instituciones advierten de que el calor extremo y la llegada de nutrientes continúan siendo los principales riesgos.
El Mar Menor encara el verano de 2026 en una situación muy distinta a la vivida hace apenas unos años. Tras las graves crisis ecológicas que provocaron episodios de anoxia y mortandad masiva de peces entre 2019 y 2021, los indicadores ambientales muestran una evolución positiva que permite afrontar la temporada turística con mayor optimismo. Sin embargo, científicos y administraciones coinciden en un mensaje común: la recuperación existe, pero aún no puede darse por consolidada.
La calidad del agua mantiene niveles considerados estables. La transparencia continúa siendo elevada, la concentración de clorofila permanece baja y los niveles de oxígeno disuelto se sitúan dentro de la normalidad. Estos parámetros reflejan una mejora respecto a los años más críticos, aunque requieren un seguimiento permanente para detectar cualquier cambio con rapidez.
El calor, principal examen del verano
Las altas temperaturas representan el mayor desafío para la laguna durante los próximos meses.
Cuando el agua alcanza temperaturas elevadas disminuye la cantidad de oxígeno disponible, especialmente en las zonas menos profundas. Si a ello se suma una entrada excesiva de nutrientes procedentes de la cuenca vertiente, aumenta el riesgo de proliferación de algas y de episodios de deterioro ecológico.
Por este motivo, la Comunidad Autónoma ha reforzado la monitorización del ecosistema mediante un sistema de vigilancia continua que incorpora sensores, boyas oceanográficas y modelos predictivos conocidos como “gemelos digitales”, capaces de anticipar posibles alteraciones con varios días de antelación.
El gran problema sigue llegando desde tierra
Aunque la imagen del Mar Menor ha mejorado notablemente, los expertos recuerdan que las causas estructurales del problema no han desaparecido.
La entrada de agua cargada de nutrientes procedente del acuífero del Campo de Cartagena, especialmente a través de la rambla del Albujón, continúa siendo la principal amenaza para el equilibrio ecológico de la laguna.
Reducir esos aportes sigue siendo el gran objetivo de las distintas actuaciones que desarrollan tanto el Gobierno de España como la Comunidad Autónoma.
Inversiones para consolidar la recuperación
Durante los últimos años se han multiplicado las actuaciones destinadas a proteger el ecosistema.
Entre ellas destacan la retirada periódica de biomasa, la construcción de infraestructuras para reducir la llegada de escorrentías, la ampliación de la red de control científico y diversos proyectos de restauración ambiental financiados dentro del Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor.
A estas iniciativas se suma la reciente instalación de 61 nuevos fondeaderos ecológicos, destinados a ordenar la navegación recreativa y evitar que las anclas dañen las praderas marinas y especies protegidas como la nacra.
También continúan avanzando actuaciones de gran envergadura, como el futuro desmantelamiento de Puerto Mayor, considerado uno de los proyectos de restauración ambiental más importantes previstos en el entorno de la laguna.
Turismo y conservación, obligados a convivir
El inicio del verano supone también el regreso de miles de visitantes a La Manga y al conjunto del litoral del Mar Menor.
Para responder a ese incremento de población estacional, este año se ha reforzado el transporte público con más autobuses, vehículos eléctricos y nuevas frecuencias, buscando reducir la presión del tráfico sobre uno de los espacios naturales más sensibles del Mediterráneo.
Paralelamente, las administraciones han intensificado la vigilancia sobre las actividades náuticas y han reforzado los controles para evitar concentraciones ilegales de motos de agua y otras prácticas que puedan afectar al ecosistema.
Un ejemplo internacional… todavía en recuperación
La evolución del Mar Menor ha despertado interés internacional.
Las medidas adoptadas en los últimos años, junto con el reconocimiento legal de la laguna como sujeto de derechos, han convertido este espacio natural en un referente para numerosos proyectos de restauración ambiental.
Sin embargo, los investigadores insisten en que la estabilidad actual no debe interpretarse como el final del problema.
El cambio climático, el aumento de las temperaturas, la presión urbanística y la gestión de la cuenca vertiente obligan a mantener una vigilancia constante.
Un verano para consolidar los avances
El verano de 2026 no decidirá por sí solo el futuro del Mar Menor, pero sí servirá para comprobar hasta qué punto las medidas adoptadas durante los últimos años son capaces de mantener el equilibrio alcanzado.
La diferencia respecto a las crisis del pasado es evidente: hoy la laguna dispone de más conocimiento científico, mejores herramientas de seguimiento y una mayor coordinación institucional.
Aun así, el consenso entre los especialistas es claro. La recuperación del Mar Menor no puede medirse únicamente por la transparencia de sus aguas durante un verano, sino por la capacidad de mantener esa mejora de forma estable en los próximos años.
La laguna ha demostrado una notable capacidad de recuperación. El desafío ahora consiste en convertir esa recuperación en un estado permanente y garantizar que uno de los mayores tesoros ambientales de la Región de Murcia no vuelva a vivir las imágenes que dieron la vuelta al mundo hace apenas unos años.









