Más de una veintena de municipios de la Región secundaron este miércoles los actos promovidos por la FEMP. Murcia reunió a unas 20.000 personas y Cartagena a 5.000, mientras el PSOE se desmarcó mayoritariamente de una convocatoria que consideró partidista. Los actos murcianos transcurrieron sin los graves incidentes registrados en Madrid, donde periodistas fueron hostigados y agredidos y la Policía detuvo a cuatro personas.
La crisis de Ceuta llegó este miércoles a las calles de la Región de Murcia convertida también en una batalla política contra el Gobierno de Pedro Sánchez. Más de una veintena de municipios participaron en las concentraciones convocadas formalmente por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), pero el mapa regional de adhesiones dejó clara la división entre bloques.
Los ayuntamientos gobernados por el PP secundaron mayoritariamente la convocatoria de las ocho de la tarde. Entre los municipios socialistas, Los Alcázares fue el único que se incorporó oficialmente al llamamiento de la FEMP, mientras otros consistorios optaron por actos propios de apoyo a Ceuta.
Las mayores concentraciones se produjeron en Murcia, con unas 20.000 personas; Cartagena, con 5.000; Lorca, con 2.500, y Yecla, con unas 1.200, según las estimaciones policiales difundidas tras los actos. Solo estas cuatro ciudades reunieron a cerca de 29.000 asistentes.
López Miras carga contra Sánchez
La concentración de la capital regional tuvo un marcado protagonismo del Partido Popular. El presidente de la Comunidad, Fernando López Miras, participó junto a la alcaldesa de Murcia, Rebeca Pérez, y otros representantes institucionales en la Glorieta de España.
López Miras aprovechó el acto para acusar directamente al Gobierno central y a Pedro Sánchez de haber «abandonado a los ceutíes», reclamando soluciones que permitan recuperar la normalidad en la ciudad autónoma.
La implicación política había comenzado antes de que se celebraran las concentraciones. El portavoz popular en la Asamblea Regional, Joaquín Segado, llegó a acusar al secretario general del PSRM y delegado del Gobierno, Francisco Lucas, de imponer una «dictadura del miedo» para impedir que alcaldes socialistas participaran en los actos.
La solidaridad institucional con Ceuta quedaba así mezclada con una ofensiva política contra el Ejecutivo central.
Los municipios socialistas toman otro camino
El PSRM rechazó mayoritariamente la convocatoria de la FEMP al entender que había sido promovida unilateralmente y utilizada políticamente por el Partido Popular.
Eso no significó renunciar a mostrar apoyo a Ceuta. Municipios socialistas como Lorquí, Bullas o Mazarrón organizaron actos alternativos o lecturas de manifiestos. En Lorquí participó el propio Francisco Lucas, que defendió la solidaridad con la población ceutí pero acusó al PP de fomentar la división.
La diferencia no estaba, por tanto, en considerar o no española a Ceuta ni en ignorar la gravedad de la situación que atraviesa la ciudad. El enfrentamiento estaba en la utilización de una institución municipalista como la FEMP para organizar unas movilizaciones que terminaron teniendo una evidente dimensión partidista.
En Murcia no se repitieron los incidentes de Madrid
Las concentraciones murcianas transcurrieron sin que se hayan comunicado incidentes graves. Es una diferencia importante respecto a lo ocurrido en otros lugares y debe quedar clara.
En Madrid, la movilización adquirió un carácter mucho más tenso. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal coincidieron en las protestas y endurecieron sus ataques contra Sánchez, mientras grupos ultras protagonizaron posteriormente enfrentamientos con la Policía. El balance fue de cuatro detenidos y cuatro agentes heridos.
También se produjeron ataques contra profesionales de la información. Periodistas y equipos de televisión fueron increpados, empujados y agredidos mientras cubrían las concentraciones.
Esos hechos no pueden trasladarse automáticamente a quienes se manifestaron pacíficamente en Murcia. Pero forman parte de la misma jornada nacional y muestran hasta dónde puede llegar la tensión cuando una crisis migratoria termina convertida en combustible político.
Ceuta como escenario de confrontación
El Gobierno de Sánchez tiene que responder por su gestión de una crisis extraordinariamente grave. Fiscalizar esa actuación, reclamar explicaciones o exigir más recursos entra plenamente dentro del debate democrático.
Otra cuestión es utilizar Ceuta para alimentar una confrontación política en la que la inmigración, la bandera y el sentimiento nacional terminan funcionando como armas contra el adversario.
En la Región de Murcia, la fotografía de este miércoles fue especialmente reveladora: ayuntamientos del PP participando masivamente en la convocatoria de la FEMP y la mayoría de los socialistas organizando actos diferentes, pese a que ambos afirmaban respaldar a Ceuta.
Ceuta consiguió llenar plazas murcianas. Pero también dejó al descubierto hasta qué punto una crisis que exigiría cooperación entre administraciones se ha convertido en otro campo de batalla entre la derecha y la izquierda española.









