Brasil afronta unas elecciones cuya importancia alcanza al conjunto de América Latina y al escenario internacional. Su peso económico, demográfico y diplomático convierte el resultado en una cuestión de alcance global. Una victoria de Lula contribuiría a reforzar el espacio democrático frente a una extrema derecha que busca extender su influencia y normalizar sus planteamientos.
La trascendencia de esa victoria debe medirse también por lo que permita hacer. Brasil puede impulsar, junto con otros países, una agenda de cooperación centrada en los derechos laborales, la reducción de la pobreza y la defensa de las instituciones. Esa capacidad de actuar conjuntamente es especialmente necesaria ante problemas que desbordan las fronteras.
El crecimiento de la extrema derecha obliga a examinar las frustraciones de las que se alimenta. La precariedad, la falta de expectativas y la sensación de abandono debilitan la confianza ciudadana. Cuando la política democrática no responde, ganan terreno quienes convierten el malestar en hostilidad hacia las personas migrantes, las minorías o el adversario político.
La democracia necesita demostrar su utilidad en la vida cotidiana. Un empleo digno, unos servicios públicos sólidos y oportunidades reales para la juventud son compromisos sociales y, al mismo tiempo, condiciones que fortalecen la convivencia.
Ahí reside una responsabilidad fundamental de Lula. Su victoria debe servir para profundizar en la inclusión y ofrecer respuestas a quienes esperan mejorar sus condiciones de vida. El apoyo electoral perdería sentido si se agotara en la satisfacción de derrotar a un adversario.
También será indispensable gobernar con transparencia, aceptar el escrutinio y respetar la independencia de las instituciones. La defensa de la democracia obliga a practicar sus principios incluso cuando resultan incómodos para el poder.
Una victoria de Lula no pondría fin al avance de la extrema derecha, pero sí supondría un contrapeso relevante. Daría fuerza a una alternativa que debe acreditar su valor mediante resultados. Brasil tiene capacidad para contribuir a ese esfuerzo compartido. Lo que decida su ciudadanía importa mucho más allá de sus fronteras.









