Israel vota este martes en unas elecciones que pueden poner fin a la era política del primer ministro más longevo de su historia. Por primera vez en años, el Likud no encabeza los sondeos y la oposición de Gadi Eisenkot parte con ventaja, aunque ningún bloque alcanza la mayoría necesaria para gobernar.
Israel llega este martes a unas elecciones que pueden marcar un antes y un después en la historia reciente del país.
Más de 7,3 millones de israelíes están llamados a las urnas en unos comicios inevitablemente condicionados por los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, la guerra de Gaza y la responsabilidad política que una parte de la sociedad atribuye al Gobierno de Benjamín Netanyahu por el mayor fallo de seguridad sufrido por Israel desde su creación.
Netanyahu vuelve a presentarse. Pero esta vez lo hace en una posición mucho más complicada.
Por primera vez en años, el Likud no encabeza las encuestas. Los últimos sondeos sitúan por delante a Yashar, la formación encabezada por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, que intenta reunir alrededor de su candidatura a buena parte del electorado decidido a poner fin a la etapa de Netanyahu.
El resultado, sin embargo, está completamente abierto.
Ni Netanyahu ni la oposición tienen mayoría
El Parlamento israelí, la Knéset, cuenta con 120 diputados y son necesarios 61 para garantizar una mayoría.
Los últimos sondeos sitúan al bloque contrario a Netanyahu entre 52 y 56 escaños, mientras las formaciones que respaldan al actual primer ministro obtendrían alrededor de 50 o 51.
Ninguno alcanza por sí solo los 61 necesarios.
Y ahí aparece una de las grandes paradojas de estas elecciones.
Los partidos árabes israelíes podrían conseguir entre 14 y 16 diputados, suficientes para convertirse en árbitros de la formación del próximo Gobierno.
Sin embargo, buena parte de los partidos judíos de la oposición han rechazado hasta ahora incorporarlos a una eventual coalición.
La aritmética electoral puede terminar obligando a reconsiderar esas posiciones.
Gaza estará inevitablemente presente
Las elecciones llegan después de tres años que han transformado profundamente Israel y Oriente Próximo.
Los ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023 dejaron más de 1.200 muertos en Israel y provocaron una ofensiva militar sobre Gaza cuyas consecuencias humanas han sido devastadoras para la población palestina.
La guerra ha condicionado la política israelí, las relaciones internacionales del país y la propia imagen de Netanyahu.
El primer ministro ha defendido durante todo este tiempo que su política estaba destinada a garantizar la seguridad de Israel y derrotar a Hamás.
Sus adversarios cuestionan, en cambio, tanto la gestión de la guerra como su responsabilidad política en los fallos de seguridad que permitieron los ataques del 7 de octubre.
Una de las grandes demandas de una parte de la sociedad israelí es precisamente la creación de una comisión independiente de investigación que determine las responsabilidades por lo sucedido.
Netanyahu se ha resistido a esa fórmula.
Eisenkot, el general que amenaza la era Netanyahu
Gadi Eisenkot representa ahora la principal amenaza electoral para el primer ministro.
Exjefe del Estado Mayor del Ejército israelí, apoyó inicialmente la respuesta militar después del 7 de octubre, pero posteriormente criticó la ausencia de una estrategia clara para terminar la guerra y la gestión realizada para conseguir el regreso de los rehenes.
Su posición sobre el conflicto palestino dista mucho de representar una ruptura radical con la política tradicional israelí.
Eisenkot no ha convertido la creación de un Estado palestino en uno de los ejes de su campaña y mantiene posiciones firmes en materia de seguridad.
La diferencia principal está en la gestión política de Netanyahu, el funcionamiento de las instituciones y la necesidad de investigar lo ocurrido el 7 de octubre.
Los sondeos colocan actualmente a su partido por delante del Likud.
Netanyahu busca movilizar a sus fieles
El primer ministro sabe que una parte de su futuro depende de conseguir que sus antiguos votantes vuelvan a las urnas.
El Likud obtuvo 32 diputados en las anteriores elecciones. Los sondeos actuales lo sitúan alrededor de los veinte.
Netanyahu ha centrado por ello buena parte de la recta final de campaña en recuperar al electorado conservador desencantado y evitar que su voto termine repartido entre otras formaciones de derecha.
También ha recibido un importante respaldo exterior.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha expresado públicamente su apoyo a Netanyahu durante la campaña.
Pero ni siquiera ese respaldo elimina la incertidumbre.
Una sociedad profundamente dividida
Estas elecciones no se celebran únicamente sobre Gaza.
Israel arrastra además una profunda división interna provocada por la reforma judicial impulsada por el Gobierno de Netanyahu, las relaciones entre población religiosa y laica, la exención del servicio militar de los ultraortodoxos, el coste de la vida y el futuro de los asentamientos en Cisjordania.
A ello se añaden las causas judiciales por corrupción que afectan al propio primer ministro.
Netanyahu lleva décadas demostrando una extraordinaria capacidad para sobrevivir políticamente.
Ha gobernado Israel durante más tiempo que cualquier otro primer ministro de su historia y ha regresado al poder incluso después de haber sido desalojado.
El martes afrontará probablemente una de sus pruebas más difíciles.
Las encuestas sugieren que una mayoría de diputados podría estar dispuesta a poner fin a su etapa, pero convertir esa mayoría social y parlamentaria en un Gobierno alternativo será mucho más complicado.
Los partidos árabes pueden terminar teniendo la llave.
Y esa posibilidad coloca a Israel ante una contradicción fundamental: para acabar con Netanyahu, sus adversarios pueden necesitar precisamente a una parte de la sociedad israelí que durante años ha permanecido relegada de las grandes decisiones de Gobierno.
Las urnas decidirán el martes si Netanyahu vuelve a sobrevivir.
O si Israel comienza finalmente una etapa política distinta después de los años más traumáticos de su historia reciente.









