La laguna ha resistido las altas temperaturas de los últimos meses sin episodios graves de anoxia ni mortandades masivas de fauna. Pacto por el Mar Menor advierte, sin embargo, de que el ecosistema continúa en una situación de desequilibrio y reclama mantener la vigilancia sobre la entrada de nutrientes.
El Mar Menor ha cerrado uno de los periodos más delicados del año con mejores noticias de las que podían temerse al comienzo del verano. Pese a las altas temperaturas alcanzadas por el agua, que llegaron hasta los 33 grados, la laguna no ha sufrido episodios graves de falta de oxígeno ni mortandades masivas de peces durante los últimos meses.
El balance permite hablar de una mayor estabilidad, pero no de una recuperación definitiva. Esa es la advertencia lanzada por Pacto por el Mar Menor al terminar agosto: el ecosistema ha resistido el verano, aunque sigue sometido a las presiones que han provocado sus sucesivas crisis ambientales.
Los datos oficiales también han mostrado durante agosto una evolución relativamente estable. El seguimiento realizado por la Comunidad Autónoma reflejaba a mediados de mes valores favorables de oxígeno, transparencia y salinidad después de la fuerte ola de calor de julio.
Un verano especialmente difícil
Las temperaturas suponían una de las principales amenazas. El verano de 2026 ha sido el más cálido registrado en España, con una temperatura media peninsular unos 2,5 grados superior a la normal.
En el Mar Menor, el agua llegó a alcanzar los 33 grados. A pesar de ello, no se han producido este verano situaciones comparables a las graves crisis ambientales vividas en años anteriores.
Ramón Pagán, portavoz de Pacto por el Mar Menor, considera positivo que la laguna haya soportado esas condiciones, aunque insiste en que no debe confundirse esa resistencia con una recuperación completa. La entrada continuada de nutrientes desde la cuenca vertiente sigue siendo uno de los principales problemas.
La propia Comunidad mantiene controles específicos sobre los nitratos procedentes de la actividad agraria y ganadera dentro de las medidas destinadas a la recuperación y protección de la laguna.
El otoño vuelve a ser una prueba
La llegada de septiembre cambia ahora el foco de atención. Las altas temperaturas comienzan progresivamente a perder protagonismo, pero aumenta el riesgo asociado a posibles episodios de lluvias intensas.
El precedente de 2019 sigue presente. Las lluvias torrenciales de aquel otoño alteraron bruscamente las condiciones de la laguna y terminaron provocando una importante mortandad de fauna.
Pacto por el Mar Menor reclama por ello que no se reduzca la vigilancia después del verano y que se actúe sobre el origen de los problemas, especialmente sobre la llegada de nutrientes procedentes de una cuenca vertiente que supera las 60.000 hectáreas.
El colectivo también pide una aplicación efectiva de la Ley de Recuperación y Protección del Mar Menor, aprobada en 2020, con controles suficientes para garantizar su cumplimiento.
Los últimos controles mantienen la estabilidad
La Comunidad Autónoma realiza mediciones periódicas sobre parámetros como oxígeno, salinidad, clorofila, transparencia y turbidez. El último informe semanal de agosto disponible corresponde al día 27.
También se han mantenido durante todo el verano los controles sobre las aguas de baño. Los análisis microbiológicos publicados por la Administración regional determinaron que las zonas controladas cumplían los criterios establecidos y eran aptas para el baño en los parámetros analizados.
Son indicadores positivos después de un verano marcado por un calor excepcional. Pero la experiencia acumulada durante los últimos años aconseja prudencia.
El Mar Menor llega a septiembre sin haber sufrido una nueva gran crisis ambiental. El reto ahora será mantener esa estabilidad durante el otoño y comprobar si la mejoría observada puede consolidarse mientras se reducen las presiones que continúan afectando a la laguna.









