Las vacaciones escolares no tienen por qué convertirse en una prolongación del curso. Los expertos recuerdan que el descanso, el juego y la curiosidad también forman parte del aprendizaje y ayudan a afrontar mejor la vuelta a las aulas
Con el inicio de las vacaciones escolares, miles de familias vuelven a hacerse la misma pregunta: ¿deben los niños seguir haciendo deberes durante el verano? Los tradicionales cuadernillos de repaso siguen ocupando un lugar destacado en librerías y supermercados, pero cada vez más especialistas en psicología y educación defienden que el aprendizaje estival puede adoptar formas mucho más enriquecedoras que repetir ejercicios de matemáticas o lengua.
La psicóloga educativa María Jesús Campos Osa considera que los deberes tradicionales no son imprescindibles durante las vacaciones y recuerda que el aprendizaje puede mantenerse a través de actividades cotidianas, juegos o experiencias familiares, sin necesidad de prolongar las obligaciones escolares durante dos meses.
Descansar también forma parte del aprendizaje
Los especialistas coinciden en que el cerebro necesita periodos de descanso para consolidar lo aprendido durante el curso. Igual que ocurre con los adultos en sus vacaciones laborales, los niños también necesitan desconectar de horarios, exámenes y tareas obligatorias.
Eso no significa dejar de aprender. Todo lo contrario. El verano ofrece oportunidades para desarrollar competencias que muchas veces quedan en segundo plano durante el curso académico: creatividad, autonomía, habilidades sociales, resolución de problemas o gestión emocional.
Leer por iniciativa propia, cocinar en familia, visitar un museo, hacer excursiones por la naturaleza o participar en campamentos son actividades que estimulan el aprendizaje sin que los menores perciban que siguen «en clase».
El riesgo de convertir el verano en otro trimestre
Los expertos advierten de que llenar cada mañana con ejercicios escolares puede provocar el efecto contrario al deseado.
Cuando los deberes ocupan demasiado tiempo, las vacaciones dejan de ser un espacio de descanso y pueden generar rechazo hacia el aprendizaje. Además, la motivación disminuye cuando las tareas se perciben como una obligación y no como una oportunidad para descubrir cosas nuevas.
Por ello, cada vez más profesionales recomiendan sustituir los largos cuadernillos por pequeñas rutinas de lectura, juegos matemáticos, escritura creativa o actividades relacionadas con los intereses de cada niño.
Murcia ofrece múltiples alternativas educativas
En la Región de Murcia existen numerosas opciones para mantener activos a los menores durante el verano sin recurrir exclusivamente a los deberes.
Las visitas a espacios naturales como el Parque Regional de Calblanque, Sierra Espuña o las Salinas de San Pedro del Pinatar permiten aprender sobre biodiversidad y medio ambiente. También los museos, bibliotecas municipales, actividades organizadas por los ayuntamientos y talleres culturales ofrecen propuestas adaptadas a distintas edades.
Incluso tareas cotidianas como preparar una receta, organizar una pequeña compra o planificar una excursión ayudan a reforzar habilidades matemáticas, comprensión lectora y capacidad de organización.
La lectura, la gran aliada
Si existe una recomendación prácticamente unánime entre psicólogos y docentes es fomentar el hábito lector.
La clave, señalan, está en que los niños elijan libros acordes con sus gustos, sin convertir la lectura en una obligación evaluable. Un cómic, una novela de aventuras, un libro sobre dinosaurios o ciencia pueden despertar mucho más interés que una lista cerrada de lecturas obligatorias.
Además, leer unos minutos cada día contribuye a mantener la comprensión lectora y el vocabulario durante el verano sin generar la sensación de estar realizando tareas escolares.
Preparar una vuelta más sencilla
Los especialistas también aconsejan no esperar al último día de agosto para recuperar los horarios habituales.
Durante la última semana de vacaciones es recomendable adelantar progresivamente la hora de acostarse, recuperar rutinas de sueño y organizar el material escolar con tranquilidad. Esa adaptación gradual facilita el regreso a las aulas y reduce el estrés asociado al inicio del nuevo curso.
Más que llenar el verano de fichas y ejercicios, el objetivo pasa por ofrecer experiencias que despierten la curiosidad, favorezcan el desarrollo personal y permitan que niños y adolescentes regresen en septiembre con energías renovadas y ganas de aprender. Esa combinación de descanso, juego y aprendizaje significativo es, según los expertos, una de las mejores inversiones para el próximo curso escolar.









