Siete de las diez comisiones de la protesta deciden levantar el campamento y reorganizarse como Movimiento 26S. Los activistas aseguran que la movilización no termina y sitúan la huelga general del 11 de noviembre como su próximo objetivo.
La acampada por el derecho a la vivienda que durante 35 días ha ocupado la Puerta del Sol de Madrid entra en una nueva etapa. La mayoría de las comisiones que sostenían la protesta decidió este sábado, 31 de octubre, abandonar la plaza para trasladar su actividad a los barrios y reforzar la organización ciudadana ante la huelga general convocada para el próximo 11 de noviembre.
La decisión afecta a siete de las diez comisiones del campamento, que consideran cumplida una primera fase de movilización y apuestan ahora por construir una estructura social capaz de mantener las reivindicaciones más allá de la ocupación de un espacio público.
Los participantes pretenden dar continuidad al movimiento bajo la denominación Movimiento 26S, en referencia a la fecha que marcó el inicio de las protestas.
Del desahucio de Maricarmen a un movimiento por la vivienda
La movilización nació tras el desahucio de Maricarmen Abascal, un caso que adquirió una notable repercusión social y política.
Lo que comenzó como una protesta concreta terminó convirtiéndose en un espacio de encuentro para colectivos de vivienda, activistas y ciudadanos preocupados por el encarecimiento de los alquileres y las dificultades de acceso a una vivienda digna.
Durante más de un mes, la Puerta del Sol se transformó en un escenario de reivindicación permanente, con asambleas, actividades y diferentes iniciativas de organización social.
La protesta también contribuyó a situar en el debate parlamentario los denominados decretos Maricarmen, dos iniciativas legislativas relacionadas con la vivienda que finalmente fueron rechazadas en el Congreso.
Para los participantes, aquel resultado no significó el final de sus reivindicaciones, sino la necesidad de ampliar la presión social.
La Delegación del Gobierno presionó para desmontar la acampada
La decisión de abandonar la plaza se produjo después de que la Delegación del Gobierno en Madrid remitiera comunicaciones sobre la continuidad de la concentración.
En ellas, la Administración planteó que podía resultar legítimo poner fin a la ocupación y posteriormente instó a desmontar las instalaciones, al considerar que la protesta había cumplido su objetivo reivindicativo.
La situación abrió un nuevo escenario para los acampados, que debían decidir entre mantener su presencia en la plaza o reorganizar la movilización en otros espacios.
Finalmente, la mayoría de las comisiones optó por trasladar su actividad a los barrios.
Según una portavoz citada por El País, unas 600 personas habían abandonado la acampada.
No obstante, la retirada no es completa. Permanecen en la zona integrantes de algunas comisiones y personas vinculadas a una asociación de personas sin hogar surgida durante la protesta.
La huelga general del 11 de noviembre, próximo objetivo
El Movimiento 26S quiere convertir la experiencia de la Puerta del Sol en una red de organización social con presencia en los distritos madrileños.
Su objetivo inmediato es contribuir a la preparación de la huelga general del 11 de noviembre, convocada en un contexto de reivindicaciones relacionadas con la vivienda, los salarios y las condiciones laborales.
Los activistas consideran que la movilización debe extenderse más allá de una concentración puntual y buscar la participación de trabajadores, asociaciones vecinales y colectivos sociales.
La estrategia supone un cambio significativo: abandonar un lugar simbólico para intentar construir una organización territorial más amplia.
El resultado dependerá de su capacidad para mantener la participación ciudadana y establecer alianzas con otros movimientos.
La vivienda, uno de los grandes conflictos sociales de España
El debate sobre la vivienda ha adquirido una creciente importancia en la agenda pública española.
El incremento de los precios del alquiler, las dificultades de emancipación juvenil y el esfuerzo económico que deben realizar numerosos hogares han convertido el acceso a una vivienda en una preocupación central.
Las organizaciones que participan en las movilizaciones reclaman medidas para reducir los precios, reforzar la protección de los inquilinos y ampliar el parque público de vivienda.
Estas demandas conviven con un debate político sobre la regulación del mercado, los derechos de los propietarios y las obligaciones de las administraciones.
La acampada de Sol ha sido una de las expresiones visibles de ese conflicto durante las últimas semanas.
Una movilización que continuará después de las elecciones
La reorganización del movimiento coincide con la proximidad de las elecciones generales anticipadas del 29 de noviembre.
Los activistas han manifestado su intención de mantener las reivindicaciones independientemente del resultado electoral.
El cierre de esta etapa de la acampada no significa, por tanto, la desaparición de la protesta.
Tras 35 días de presencia en la Puerta del Sol, el movimiento afronta ahora el desafío de trasladar la visibilidad conseguida a una organización estable en los barrios.
La huelga general del 11 de noviembre será su primera gran prueba.
La cuestión de fondo sigue siendo la misma que dio origen a la movilización: cómo garantizar el acceso a una vivienda digna en un país donde disponer de un trabajo no siempre resulta suficiente para afrontar el coste de un alquiler.









